Dicen, y quien lo probó lo sabe, que cuando alguien a quien deseamos simplemente nos roza, sentimos cosquillas, se nos pone la piel de gallina, comienzan las mariposas a revolotear en el estómago, se nos aflojan las rodillas, y, por supuesto, nos excitamos. Después de enamorarme como una demente unas cuantas veces puedo dar fe …

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